El Reencuentro
El finde largo de Noviembre volví a surfear después de la última vez en Agosto. Surfié tres días seguidos. El último día estaba remando con bastante comodidad, y recordé lo que me costaba el primer día después de cuatro meses sin surfear. Me di cuenta que mi cuerpo y mi mente se habían adaptado para estar en el agua, para deslizarme sobre el mar.
Esta es una adaptación dolorosa.
El primer día terminás agotado, con dolor en todos los músculos de los brazos y la espalda. Después de comer te vas a dormir por el sueño enorme que tenés. Al día siguiente seguís cansado, pero tenés que seguir. Te acostás en la tabla y te duele la panza en la parte de las costillas más bajas. Pero a medida que pasan los días sentís que fuiste diseñado para navegar tu tabla en el mar.
Este proceso de adaptación me recuerda a esas películas de ciencia ficción donde un hombre se transforma en un ser imaginario con poderes. Estas transformaciones generalmente se manifiestan como un proceso incómodo y doloroso para al persona, pero finalmente emerge un ser con alguna habilidad asombrosa. Por ello mi analogía con lo que viví el fin de semana. No estoy diciendo que los demás se asombran cuando surfeo, me asombro a mí mismo.
Sin embargo, hay una habilidad que se mantiene intacta: el instinto de pararse en la tabla cuando la ola nos lo pide. Ese instante mágico en le cual no entendemos bien cómo nos ponemos de pie sobre una ola. Al menos yo no entiendo como me paro a veces. Ese instante es posible gracias a años de práctica que hacen que el instinto forme parte de nuestro ser.
Esta es una adaptación dolorosa.
El primer día terminás agotado, con dolor en todos los músculos de los brazos y la espalda. Después de comer te vas a dormir por el sueño enorme que tenés. Al día siguiente seguís cansado, pero tenés que seguir. Te acostás en la tabla y te duele la panza en la parte de las costillas más bajas. Pero a medida que pasan los días sentís que fuiste diseñado para navegar tu tabla en el mar.
Este proceso de adaptación me recuerda a esas películas de ciencia ficción donde un hombre se transforma en un ser imaginario con poderes. Estas transformaciones generalmente se manifiestan como un proceso incómodo y doloroso para al persona, pero finalmente emerge un ser con alguna habilidad asombrosa. Por ello mi analogía con lo que viví el fin de semana. No estoy diciendo que los demás se asombran cuando surfeo, me asombro a mí mismo.
Sin embargo, hay una habilidad que se mantiene intacta: el instinto de pararse en la tabla cuando la ola nos lo pide. Ese instante mágico en le cual no entendemos bien cómo nos ponemos de pie sobre una ola. Al menos yo no entiendo como me paro a veces. Ese instante es posible gracias a años de práctica que hacen que el instinto forme parte de nuestro ser.
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