Todo sea por unas olas
El fin de semana largo del 5 al 8 de Noviembre de 2015, tenía un casamiento en Tandil el domingo 6. Siendo un surfista porteño, planeé pasar por la costa atlántica antes de partir hacia Tandil. El jueves 4 salí a la noche hacia Pinamar en auto, llegando a la medianoche. El pronóstico auguraba olas de 0,5 metros, por lo que llevé el funboard 7'0" en lugar del shortboard 6'4". El funboard o longboard es mejor para olas chicas o de poca fuerza porque la ola te "agarra" más y te permite ir más rápido con menos esfuerzo, aunque perdés maniobrabilidad y la tabla es más pesada. A pesar de los augurios del pronóstico, las olas no estaban tan chicas, entraban algunas de 1 metrito; los pronósticos no son 100 % certeros y la olas descargan su energía dependiendo de la forma de la costa, por lo que a pesar de lo que diga el pronóstico, hay que estar en la playa para ver como se desenvuelve. El viernes surfié todo el día; sol, poco viento, y buenas olas.
El sábado amaneció con un fuerte viento del sur. Como Pinamar no tiene escolleras, puertos u algún otro elemento (natural o artificial) que ordene las olas, el mar era una licuadora, con una fuerte deriva hacia el norte. De todas formas, no puedo dejar de meterme y cada día en el agua es especial, así que entré con el funboard para correr algunas olitas. Me encontré con varios Kiteboarders preparados para disfrutar de los fuertes vientos, su energía motriz. Si bien la energía motriz de los surfistas es la energía de las olas, el origen de dicha energía es también el viento.
El pronóstico para el sábado y el domingo (el día del casamiento! a la noche, por suerte) indicaba que el viento sur iba a soplar fuerte, trayendo grandes olas de hasta 2 metros a la costa atlántica, pero en Pinamar el fuerte viento no es reparado y aunque hubiera grandes olas, el mar estaría desordenado y con mucha deriva. Por lo tanto, decidí irme para Mar del Plata el sábado a la noche, dormir allá, levantarme temprano para surfear el Yacht, donde el puerto corta el viento del sur, y al mediodía partir hacia Tandil para llegar temprano al casamiento nocturno.
El lunes tenía que volver a Buenos Aires porque el martes trabajaba, y siendo que el domingo a la noche era el casamiento, iba a estar muy cansado para volver manejando el lunes, por lo que tendría que ir a Mar del Plata, a Tandil y después a Buenos Aires en colectivo. Por lo tanto, dejé el auto en lo de la mamá de los gemelos surfers Bianco. No podía llevar el funboard a Mar del Plata al no ir en auto y tener que llevar el traje para el casamiento hasta Tandil y vuelta a Buenos Aires. Por suerte en Mardel siempre abre la escuelita de Biología del Rulo Prenski donde podés alquilar tablas. Como mi viaje a Tandil salía a las 13, quería asegurarme de que pudiera alquilar la tabla temprano para surfear más tiempo. Llamé y abrían a las 9, genial. También debía conseguir alojamiento en Mar del Plata, y preferentemente cerca de Playa Grande, tarea que no era fácil considerando que era fin de semana largo, y muchos hoteles solo te alquilaban 3 o más noches. El único hotel donde había alojamiento por una noche era el Varese Inn, a 1 cuadra de Playa Varese y 10 de Playa Grande. El plan estaba armado, y partí hacia Mar del Plata.
Llegué a la medianoche y me fui pronto a dormir. En el hotel había una foto de una derecha solitaria en alguna playa de Mardel que auguraba el día que vendría. Me levanté a las 8, desayuné y me fui rápido caminando hacia Playa Grande. En la escuelita de Biología estaba el Rulo. Alquilé la tabla que alquilo siempre: el huevito. Me sorprendí que aún estuviera, pues hace más de dos años que no iba. Corrí hasta la otra punta de Playa Grande (el Yacht) y me metí por el canal, pegado a la escollera. El canal estaba perfecto y te dejaba en el pico teniendo que filtrar tan solo 1 o 2 olas, o ninguna. Las olas estaban excelentes, y no había tanta gente metida. Luego de 1 hora y media surfeando, tomé mi útlima ola. Mientras contemplaba el mar desde la orilla, veo que una tabla de bodyboard se acercaba sola entre las olas. Luego veo al bodyboarder buscandola. La agarro y se la doy, y en el medio me convence de volver a agarrar una más.
Salgo del agua, corro hacia la escuelita, me cambio y vuelvo caminando rápido hacia el hotel. Me baño, enjuago el traje, preparo las valijas, tomo agua, me tomo un remis, llego a la terminal, me tomo el colectivo, llego a Tandil, me encuentro con mis amigos en una cabaña, nos cambiamos, vamos al casamiento, nos abrazamos, bailamos, nos divertimos... hasta las 5:30 a.m. Volvemos a la cabaña, me despiden y se van a dormir, mientras me quedo preparando todo para volver a Buenos Aires. ¿Cuántas vidas se pueden vivir en un fin de semana?
El sábado amaneció con un fuerte viento del sur. Como Pinamar no tiene escolleras, puertos u algún otro elemento (natural o artificial) que ordene las olas, el mar era una licuadora, con una fuerte deriva hacia el norte. De todas formas, no puedo dejar de meterme y cada día en el agua es especial, así que entré con el funboard para correr algunas olitas. Me encontré con varios Kiteboarders preparados para disfrutar de los fuertes vientos, su energía motriz. Si bien la energía motriz de los surfistas es la energía de las olas, el origen de dicha energía es también el viento.
El pronóstico para el sábado y el domingo (el día del casamiento! a la noche, por suerte) indicaba que el viento sur iba a soplar fuerte, trayendo grandes olas de hasta 2 metros a la costa atlántica, pero en Pinamar el fuerte viento no es reparado y aunque hubiera grandes olas, el mar estaría desordenado y con mucha deriva. Por lo tanto, decidí irme para Mar del Plata el sábado a la noche, dormir allá, levantarme temprano para surfear el Yacht, donde el puerto corta el viento del sur, y al mediodía partir hacia Tandil para llegar temprano al casamiento nocturno.
El lunes tenía que volver a Buenos Aires porque el martes trabajaba, y siendo que el domingo a la noche era el casamiento, iba a estar muy cansado para volver manejando el lunes, por lo que tendría que ir a Mar del Plata, a Tandil y después a Buenos Aires en colectivo. Por lo tanto, dejé el auto en lo de la mamá de los gemelos surfers Bianco. No podía llevar el funboard a Mar del Plata al no ir en auto y tener que llevar el traje para el casamiento hasta Tandil y vuelta a Buenos Aires. Por suerte en Mardel siempre abre la escuelita de Biología del Rulo Prenski donde podés alquilar tablas. Como mi viaje a Tandil salía a las 13, quería asegurarme de que pudiera alquilar la tabla temprano para surfear más tiempo. Llamé y abrían a las 9, genial. También debía conseguir alojamiento en Mar del Plata, y preferentemente cerca de Playa Grande, tarea que no era fácil considerando que era fin de semana largo, y muchos hoteles solo te alquilaban 3 o más noches. El único hotel donde había alojamiento por una noche era el Varese Inn, a 1 cuadra de Playa Varese y 10 de Playa Grande. El plan estaba armado, y partí hacia Mar del Plata.
Llegué a la medianoche y me fui pronto a dormir. En el hotel había una foto de una derecha solitaria en alguna playa de Mardel que auguraba el día que vendría. Me levanté a las 8, desayuné y me fui rápido caminando hacia Playa Grande. En la escuelita de Biología estaba el Rulo. Alquilé la tabla que alquilo siempre: el huevito. Me sorprendí que aún estuviera, pues hace más de dos años que no iba. Corrí hasta la otra punta de Playa Grande (el Yacht) y me metí por el canal, pegado a la escollera. El canal estaba perfecto y te dejaba en el pico teniendo que filtrar tan solo 1 o 2 olas, o ninguna. Las olas estaban excelentes, y no había tanta gente metida. Luego de 1 hora y media surfeando, tomé mi útlima ola. Mientras contemplaba el mar desde la orilla, veo que una tabla de bodyboard se acercaba sola entre las olas. Luego veo al bodyboarder buscandola. La agarro y se la doy, y en el medio me convence de volver a agarrar una más.
Salgo del agua, corro hacia la escuelita, me cambio y vuelvo caminando rápido hacia el hotel. Me baño, enjuago el traje, preparo las valijas, tomo agua, me tomo un remis, llego a la terminal, me tomo el colectivo, llego a Tandil, me encuentro con mis amigos en una cabaña, nos cambiamos, vamos al casamiento, nos abrazamos, bailamos, nos divertimos... hasta las 5:30 a.m. Volvemos a la cabaña, me despiden y se van a dormir, mientras me quedo preparando todo para volver a Buenos Aires. ¿Cuántas vidas se pueden vivir en un fin de semana?
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