Recorriendo la Costa de California - Día 2 - Hola San Diego - 2019

Nos levantamos y tuvimos la primera impresión del hotel California Suites. Era antiguo pero no tanto, cuadrado y con patios internos a los que nunca fuimos. Las cuatro cosas más importantes de un hotel o airbnb eran, en orden: ubicación, cama cómoda, posibilidad de calentar agua para el mate de la mañana, y desayuno.

Antes de desayunar fui a comprar una tabla de surf. Como el viaje duraba 3 semanas, me convenía comprar una tabla en lugar de alquilar, y al final del viaje tratar de venderla. Además, me independizaría de tener que encontrar lugares donde alquilaran. La única contra era tener que transportarla, lo cual hacíamos en el techo del auto. Necesitábamos dos tablas, una para Belu para que aprenda --funboard de goma espuma-- y una para mí --shortboard convencional. Ya en Orlando había buscado tablas usadas para comprar en craigslist.org, un sitio de compra-venta muy popular en Estados Unidos.

Fui entonces a lo de Pej (Belu se quedó durmiendo o despertándose) a comprarle un shortboard 6'5" (largo se seis pies y cinco pulgadas), con pita, funda y quillas incluidas a ciento sesenta dólares. Realmente muy barato. Cuando Pej me estaba mostrando la tabla, en un barrio muy lindo, y nos ponemos a hablar de surf y olas, sale la mujer con el hijo, y me dice "te podés imaginar porque no surfeo tanto estos días". Quisiera seguir surfeando aún con hijos y nietos (y lo ideal sería sacarle el "aún" a la oración).

Yendo y volviendo con la tabla tuve la primera impresión de la vialidad de San Diego: muchas autopistas rodeadas de cerros. Gracias a las autopistas, nuestro hotel estaba a pocos minutos de distancia de varias playas que queríamos conocer. De vuelta en el hotel con nuestro primer compañero de viaje, la tabla Besell (Tim Besell es el shaper o fabricante de la tabla), fuimos a desayunar abundantemente. Nuestra primera parada antes de ir a la playa fue lo de Anthony, el vendedor de la tabla para Belu que también conseguí por craigslist. Estacionando el auto en la puerta de su casa choco suavemente o toco fuertemente el auto de atrás; muy poco acostumbrado a auto con cola larga (tipo sedan). "Qué vergüenza, ojalá no me hayan visto", pienso. Al rato sale Anthony y me dice algo como "qué onda, ¿venís a mi casa y me chocás el auto?". Por suerte me estaba jodiendo y el auto no era de él. Me ofrece dos tablas iguales pero de distinto color, y elijo las más liviana. Le comento a Anthony que íbamos a ir a Imperial Beach, que es la playa más al sur de San Diego, pues el plan era recorrer de sur a norte; pero me dice que está muy contaminada por el río Tijuana, el río que separa México de Estados Unidos, y me recomienda ir a Ocean Beach, y hacia allá vamos (1). Ir a la playa es algo que he hecho muchas veces, pero esta era la primera del viaje y me daba nervios (2). Además no estaba establecida aún la dinámica de viaje playero con Belu.

Ocean Beach está ubicada entre un muelle largo a la izquierda y un espigón a la derecha, que es la pared de un canal para barcos, y entrecortada por dos pequeñas puntas de piedra. La parte derecha de la playa se llama Dog Beach y la gente lleva a sus perros a pasear. No había muchas olas, lo cual era bueno para que Belu haga su primera sesión de surf. Nos pusimos los trajes. Varios perros nos
tiraron el cuerpo encima mientras caminábamos hacia el mar. Apenar Belu tocó el agua no se quiso meter. Estaba bastante fría. Se quedó un ratito viendo si podía aguantar el frío. Quería poder aguantarlo, y se sentía mal por no poder. Pero era demasiado y salimos.

Por entrar al agua la primera vez, hasta la cintura.
Me metí con mi tabla nueva, un poco más grande de lo que suelo usar, menos maniobrable (3) y muy estable. Las olas estaban medianas a chicas, y con poca fuerza, por lo que había que elegir bien la ola de la serie que nos proveyera un buen viaje.

Ocean Beach nos mostró lo que sería una constante en las playas californianas: plantas o algas que flotan en el agua y descansan en la orilla, agua fría, estacionamiento grande frente al mar, baños públicos, duchas públicas, bebederos públicos, y muchos surfistas.

Estacionamiento en Ocean Beach.

Queremos arrancar para ir a almorzar, pero el auto no arranca. Dejé las luces prendidas y se quedó sin batería (4). Nos ayudó un señor estacionado con lo que parecía una camioneta tipo van donde, a juzgar por lo que había adentro, vivía. Tenía los cables necesarios para conectar nuestra batería a la suya y nos arrancó el auto rápidamente. Antes nos había llamado la atención el tipo, y por estereotipos construidos en nuestra vida, nos parecía raro y no queríamos que nos venga a hablar, porque parecía estar atento y curioso de sus alrededores. Por alguna razón pensamos que nos podía venir a hablar. Finalmente fuimos nosotros quienes nos acercamos a pedirle ayuda y nos atendió de la mejor manera. Saludamos a su perro sentado en el asiento del conductor y nos fuimos a almorzar. La gente hospitalaria fue otra constante del viaje.

Mientras nos alejábamos de la playa, no notamos lo lindo del barrio de Ocean Beach. Cada vez que vamos a algún lado y pasamos cerca del mar, estoy constantemente tratando de equilibrar entre parar a mirar el mar en cada lugar y no llegar tan tarde al destino final. Podría decir que hay sabiduría en saber cambiar el destino final, pero en este viaje estaba decidido a conocer ciertos lugares que había leído y visto fotos desde muy chico en las revistas de surf. La idea era pasar por Pacific Beach, al norte de Ocean Beach y parar en algún lugar a comer. Tratando de volver a ver la playa en Pacific Beach, porque no puedo pasar mucho tiempo sin dejar de mirarlo, nos metimos en callecitas muy estrechas y lindas donde no se podía estacionar el auto y seguimos viaje. En el restaurante le hablamos en inglés al mozo hasta darnos cuenta que hablábamos todos en español. Adentro estaban pasando un resumen de los partidos de la Champions (Copa de Campeones de Fútbol de Europa). Cuando uno cambia abruptamente su rutina, se olvida de algunas cosas de su rutina anterior, y cuando las vuelve a encontrar las valora o se da cuenta que no las necesita. No se si necesito el fútbol, pero me atrae, y me hace sentir en casa.

Para hacer la digestión nos fuimos a varios surf shops a buscar botitas de neoprene para Belu, para que pueda aguantar mejor el frío. Por suerte habían unas O'Neill en descuento. Enfrente al surfshop no había buenas olas y nos recomendaron ir a Tourmaline Surf Park, al norte de Pacific Beach. Una señora recién salida del agua se estaba yendo y estacionamos en el nuevo lugar libre. Nos sorprende que todos surfean en California. Si bien hay mayoría de hombres que surfean, la proporción de mujeres es mucho mayor que en Argentina. En el cordón de la vereda vemos unas ojotas y, pensando que eran de la señora que se estaba yendo, cuando pasa por al lado con su auto le hago una seña para que frene, pero me dice que no eran de ella. ¿Vieron cuando uno mueve las manos en estado de emergencia y termina siendo nada? Dejamos las ojotas donde estaban. Después de ponerme el traje y mientras estábamos yendo a la playa, una chica en su auto nos dice que esas ojotas eran suyas y nos agradecía porque si no hacíamos todo el teatro se las iba a olvidar. Por suerte a alguien le sirvió el teatro.

Me metí mientras Belu sacaba fotos y filmaba. Éste era nuestro primer atardecer con el sol escondiéndose en el mar, como ocurre en el Océano Pacífico. Bien a la derecha había una acantilado, y bien a la izquierda el muelle de Pacific Beach, y adelante las escaleras bajaban al arena y directo al pico. Las olas no estaban muy grandes y en esta playa rompen lento, por lo que había en su mayoría longboarders. Me metí con el funboard a la derecha del pico, donde había poca gente y cada tanto entraba una linda ola. El naranja del atardecer se mezclaba con el verde azulado del agua y el blanco de la espuma. A veces cuando entro al mar miro la espuma que dejan las olas que pasan alrededor de mis piernas, toco el agua, y me percato del hermoso momento que estoy viviendo.

Entrando al agua con el funboard.

El acantilado de la derecha.

Longboarders.

Volvimos al hotel y cenamos comida que se cocina en el microondas; no tenemos horno. Luego de un día de mucha playa y paseo, nos vamos a dormir temprano, como casi todas las noches que le siguen a los días movidos. Nos dormimos agotados y con ganas de lo que depararía el día siguiente.

Notas:
(1) El Día 4 vamos a Imperial Beach.
(2) Como a alguien que le da miedo hablar en público a pesar de que hablar es algo que hace todos los días.
(3) La palabra "maniobrable" no está registrada en la Real Academia Española.
(4) En realidad al auto se le apagaban las luces automáticamente, así que no sabemos bien que pasó.

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