Nos levantamos a visitar La Jolla. Ayer habíamos tenido el primer vistazo y nos quedamos con ganas de más. Fuimos directo a La Jolla Cove y dejamos el auto en un estacionamiento público, entre dos carteles que decían que por un evento público no se podía estacionar. Sabía que era un riesgo dejarlo ahí, pero en mi lugar no había ningún cartel. Una plaza, donde se realizaría el evento público, separa la calle de la playa.
La Jolla Cove es un refugio de vida marina, y muchas focas y lobos marinos descansan en la arena o las rocas, o nadan entre piedras. Caminamos por las veredas que bordean las playas y puntas de piedra. Leímos los carteles que explican cómo diferenciar a las focas de los lobos marinos. Belu se queja un poco de que me detengo constantemente a leer todos los carteles. Bajamos a una punta de piedra donde se pueden ver las criaturas acuáticas muy de cerca, y cómo juegan. La Jolla Cove no es una cueva como uno podría intuir por la semántica, sino un reparo del mar o descanso de las incesantes olas, lo que permite entrar fácil al mar.
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| Criaturas marina en La Jolla Cove. |
De vuelta en la vereda vimos que había varios monopatines eléctricos que podían desbloquearse con una aplicación para salir a andar. Había monopatines de distintas aplicaciones y usamos los de Lyft porque Belu ya tenía la aplicación instalada -- Lyft es una competencia de Uber en EEUU. Era nuestra primera vez usando monopatines eléctricos. Nos parecía fascinante poder avanzar y remontar subidas apretando un botón, mientras el viento nos daba en la cara y contemplabamos el entorno. Algunas casas parecían de Harry Potter. Las gaviotas se paraban en las barandas a observar el mar. No nos costó mucho animarnos a andar rápido.
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| El mar verde de La Jolla y los monopatines. |
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| Casa fantásticas en La Jolla. |
Finalizado el monopaseo volvimos al auto y lo encontramos junto a una señora que estaba esperando que nos vayamos para colocar un cartel de prohibido estacionar en lugar del auto. Fuimos a La Jolla Shores, una playa mas al norte donde las olas entran suaves; perfectas para Belu. Estacionamos enfrente a la playa. El objetivo era siempre estacionar con el auto mirando al mar, para que si Belu no se metía al mar y yo sí, y hacía mucho frío, podía mirar el mar desde el auto.
Nos bajamos del auto y vemos que hay una chica y un chico jugando a un juego preparado en la arena. A sus costados había más juegos preparados, cuyo objetivo común era enfrentar a dos equipos que compitieran embocando y/o arrojando y/o haciendo alguna otra habilidad física. Les chiques tenían puesta la misma remera azul. ¿Estarían promocionando una marca de juegos de playa? Nos acercamos a preguntarles y nos dijeron que eran organizadores de cumpleaños en la playa, que todavía nos habían llegado les niñes, y que podíamos jugar hasta que llegaran. La miré a Belén con sonrisa de asombro (sonrisa de boca abierta) de oreja a oreja. Tuve un arranque prometedor pero me terminó ganando. Al rato llegaron les niñes. Nos pareció genial el emprendimiento de los festejos de cumpleaños en la playa.
Nos ennopreneamos y nos metimos al mar con el funboard; las pequeñas y suaves olas eran ideales para aprender. Estaba nublado. La combinación de Belén, la tabla, y yo suele resultar en diversión. Cada tanto salían aletas de delfines a saludar. En eso lo reconozco a Chris Ward, un ex surfista del circuito mundial. Estaba con su hijita y su mujer. La hija se agarraba a él como garrapata mientras él agarraba olas en un tablón --tablón es otra forma de decir longboard o funboard-- y ella lloraba todo el tiempo. Después agarró un par de olas solo, y en un momento trajo un bodyboard que lo colocaba sobre el tablón y cuando se paraba agarraba el bodyboard y saltaba del tablón para después pararse en el bodyboard. Belu salió y me quedé surfeando un rato.
En el auto almorzamos ensalada de quinoa --no cocinada por nosotros, son del super-- mientras veíamos a un padre llevando a su hijo de 5 años a surfear, lo cual es una vista muy común. Nos fuimos a la siguiente parada: Black's Beach. Le digo a Belu que es una playa nudista, pero no me cree. En el camino paramos en el Instituto Oceanográfico de la Universidad de San Diego. Tenía la idea de que veríamos algo copado; quizás si hubiéramos más tiempo para que nos hagan un tour.
El estacionamiento es de tierra, lo cual desentona con todos los que vimos antes, pero el lugar es hermoso. Para ver el mar hay que acercarse al acantilado. La única edificación, a mano derecha, es una casa blanca con un deck hacia el mar que nos enteraremos luego que es un club de parapente. Del otro lado hay un valle de arbustos desérticos. Ardillas, que yo llamaría "de arbustos" porque son distintas a las que encontraría en los árboles de un parque en Nueva York o Nuevs Jersey, deambulaban por el estacionamiento esperando que a algún desprevenido se le hubiera caído comida.
Desde el acantilado el mar parece más grande. Las líneas de olas avanzan hacia nosotros, tomando forma cada vez más vertical hasta convertirse en espuma. Visto desde arriba es majestuoso. Un parapentista vuela de lado a lado atravesando mi campo. Tan cerca que
hasta me habla. En cada vuelta desciende lentamente hasta aterrizar en
la playa.
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| Líneas marinas encuentran la playa. |
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| Acantilado arbustoso encuentra la playa. |
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| Parapentista. |
Belu decide dormirse una siesta en el auto --venía de una clase intensa de surf-- mientras yo voy a surfear. Para llegar a la playa hay que bajar escaleras por 10 minutos. El surf spot específico Black's Beach está a lo lejos a la izquierda. Mientras bajo las escalera lo miro romper y no me convence. Las olas no están muy grandes hoy, y no parecen romper con mucha fuerza en el spot. En la playa hay dos nudistas, aunque debería decir dos personas practicando nudismo, quizás hay más nudistas sólo que este día deciden usar ropa. Ya desde arriba había estudiado donde rompían mejor las olas, pero abajo parece que el mejor lugar es justo enfrente de donde termina la escalera. La ola es un
beachbreak, es decir, más allá de algunos patrones, no hay un pico claramente definido y muchas olas cierran --rompen completas sin posibilidad de recorrido. Si bien lo que más busco en California son olas largas y de mejor calidad, tipo
pointbreak (olas que rompen --
break-- en un punto --
point-- y siguen rompiendo en una dirección, con mucho recorrido), cuando estoy en un
beachbreak me siento como en mi casa. Esa casa sería el lugar donde me criaron las olas: Pinamar.
Vuelvo a entrar al mar. Ah... (suspiro), el mar. Como me gusta envolverme en tu espuma y flotar en tu energía. Estamos solos, el mar y yo. El agua esta muy transparente. El color del atardecer es inspirador.
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| El mar y yo. Y el atardecer. |
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| Esta se fue, pero vendrán más. |
Cuando en el
beachbreak agarrás una buena ola tiene un sabor especial, porque suelen ser menos abundantes. Cada tanto miro para atrás para ver si aparece Belén. Quisiera ver su cara de sorpresa con los nudistas; no me creyó cuando le dije. Bajó con la cámara, que nos regalará imágenes mágicas. Salgo a saludarla y después me vuelvo a meter. Y eso ocurre una vez más.
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| Haciéndole algo a la ola. |
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| Izquierda. |
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| La próxima, siempre hay una próxima. |
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| Derecha. |
Nos vamos antes que los nudistas. La subida por el acantilado usa los mismos escalones que la bajada, pero la luz es diferente. Cada diez escalones freno, me doy vuelta, miro el horizonte de mar, cielo y tierra. La profunda satisfacción que me deja surfear me predispone a apreciar más.
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| El sendero. |
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| El abla. |
Me cambio y guardo todo, pero nos quedamos. El atardecer es un imán. Encontramos un jardín con senderos, flores y bancos. Nos sentamos en uno y debajo encontramos un
tupper que contiene un libro con la historia de una chica que había muerto hace algunos años en un accidente de lancha en el Cañón del Colorado. También había fotos y recuerdos. Para Belu y para los que se los conté era una cosa muy rara, pero a mí me pareció muy lindo, muy natural. Me encanta el respeto por lo ajeno que hay en Estados Unidos; ese
tupper parecía estar hace varios años en un lugar público y estaba en perfecto estado.
Nos fuimos con la luz del abla a nuestras espaldas. ¿El abla? Lo opuesto al alba.
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| El jardín. |
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| El banco. |
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