Recorriendo la Costa de California - Dia 4 - Hacia el Orange County - 2019

Hoy nos vamos de San Diego, hacia el Orange County. Es nuestro último desayuno con los eclécticos huéspedes del hotel: familia de mexicanos, ancianas con sobrepeso usando vestidos de tela, lo que parecen ser trabajadores viales; todas las etnias estan presentes en el pequeño desayunador. Las sillas y mesas son pocas, y compartimos mesa con una asiática y un yanqui que aparentemente tuvieron una noche de pasión. Son divertidos. La asiática se ríe de todo, y todo lo que le decimos le parece cool.

Un niño perdido aparece en el hotel. Lo encontraron en el medio de la calle y aparentemente se salvó de ser atropellado. No tiene zapatillas y no habla inglés. Tendrá entre 3 y 4 años. Trabajadoras del hotel lo cuidan y una le muestra fotos en el celular para que se comunique de alguna forma; el objetivo es que responda dónde está su mamá (1). Llega la policía. Le hacen varias preguntas, casi protocolares, como si siguieran un procedimiento robótico sin distinguir si el destinatario de las pregunas es un adulto o un niño perdido que no habla inglés. No reciben respuestas entendibles. Notan que sus medias no están sucias, no debe venir de lejos. Mi teoría es que vino de la estación de servicio de al lado, o su familia se está quedando en el hotel, que está durmiendo y nadie lo sabe. Voy a la estación de servicio a preguntar si alguien perdió un niño y de paso compro un cable usb. Nadie busca a un niño ahí.

Terminamos las valijas y vamos a cargar el auto, que está explotado de bártulos. Antes de irnos, Belu se entera de que la mamá del niño perdido se estaba alojando en el hotel.

En la lista de playas a conocer estaba Imperial Beach, la ubicada más al sur de la lista, a pocos kilómetros de México, y la primera que íbamos a conocer si no hubiera sido porque quien nos vendió el funboard nos dijo que estaba muy contaminada por el río Tijuana (2).

Afortunadamente la playa es muy linda. El mar está igual de verde que en las otras playas. Los surfistas están a ambos lados de un hermoso muelle. A la derecha rompe una derecha hacia el muelle que es aprovechada para hacer muchas maniobras. A la izquierda la ola tiene mas tamaño pero cierra más, aunque cuando abre es un viaje maravilloso. No me meto porque hoy tenemos mucho viaje por delante. A diferencia de años anteriores, no estoy desesperado por no estar metido, estoy disfrutando donde estoy. Hay pescadores y me recuerda al muelle de Pinamar. Hay pescadores sin caña: los pelícanos.  Intento conversar con uno de ellos. Intento lo mismo desde que soy niño, que los animales no teman mi cercanía.

Conversando con la fauna de pescadores sin caña, en Imperial Beach.

La fauna.

Juegos.

Jugando al voley con el arte local de Imperial Beach, antes la atenta mirada de la entrenadora tortuga.


Seguimos viaje. Pasamos entre bases navales, y el muy lindo barrio Coronado. Cruzamos una bahía por el largo puente Coronado y volvemos a la autopista 5 para seguir hacia norte, y luego retomamos la autopista de la costa del Pacífico, o PCH por sus siglas en inglés (Pacific Coast Highway), o autopista 1. Si uno quisiera llegar rápido a San Francisco se quedaría en la 5, pero nuestra idea es caminar lento, conocer y disfrutar; la 1 permanece siempre pegada a la costa y es nuestro camino.
Paramos en varios pueblos playeros: Del Mar, Solana, Cardiff, y Encinitas. Nos sigue sorprendiendo la prolijidad y los servicios publicos que se ofrecen: duchas y baños públicos en todas las playas. Llegamos hasta Swamis, un histórico surfspot. Hoy está un poco soplado, pero se nota que es una ola larga que rompe suave bordeando la punta, perfecta para el longboard, la única tabla que se usaba en los 60's.

Volvemos un poco para atrás a Seaside State Beach, donde hay un enorme estacionamiento frente al mar. Hay un pico que cada tanto rompe en el fondo y llega hasta la orilla. Rompe esporádicamente a tal punto que no se si quedarme esperandola en el fondo o quedarme surfeando en la orilla, donde las olas rompen constantemente. Por quedarme en el medio, me pierdo algunas olas. Hablo con un italiano que trabaja de cocinero y vino hace dos años con su familia. Empieza a llover y veo que Belu se guarda en el auto. Salgo a ver como está y me pide que siga surfeando.

Seguimos viaje hacia el norte y paramos en Oceanside, en el café donde nos dijo la mujer de Taqui que trabajaba (ver Día 1). No la encontramos y seguimos viaje.

En algún lugar de la Pacific Coast Highway (PCH).

El destino final era un cuarto en una casa de familia que habíamos alquilado por Airbnb, en Mission Viejo. El GPS nos guió hasta un barrio realmente muy lindo. Era una especie de barrio cerrado de Argentina, pero sin ser cerrado. Llegamos a las 9 de la noche, y nos daba un poco de rubor llegar a esa hora porque los yanquis suelen ser muy tempraneros. La casa no estaba muy cerca del mar, pero estaba a buen precio, era muy linda, y estaba a distancia media de varios surf spot.
Hablamos un poco con los dueños de la casa, Kim y Michael, muy sencillos y copados; y acariciamos la perra, Maggy.
Entre la mañana de armado del auto, el día viajero y la noche de desarmado del auto, sucumbimos antes un hermoso cansancio y nos dormimos temprano. Ademas, el Hulu (una especie de Netflix) de la casa no funcionaba.

Notas:
1. Por alguna razón no nos preguntamos dónde estaría el padre.
2. El Río Tijuana separa a México de Estados Unidos. 

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